Una mujer estaba en el lecho de muerte de su marido y con dificultad el marido le dice:
— Amor mío, para saber que no has estado conmigo por interés quiero que me entierres con todo mi dinero.
— De acuerdo querido, así lo haré.
En el entierro la mujer deja una caja en el ataúd de su difunto esposo y se marcha. Una amiga suya le dice:
— ¿En serio le has dejado con todo su dinero?
— Por supuesto, yo soy mujer de palabra. Primero he ingresado todos sus bienes en una cuenta a mi nombre, luego he sacado un cheque al portador con el equivalente a estos bienes y lo he metido en la cajita. Así que ya sabe, si quiere que lo use.